jueves, septiembre 07, 2017

Tatuajes

Desde niña he tenido este problema, a veces el humo me alertaba de una quemadura o la sangre en su explosión de los cortes. Nunca supe cómo era o quizás era tan parte de mi que no lograba temerle.
Con los años supe que esos cortes y quemaduras también me iban quedando en el alma y afectaban el correcto funcionamiento de todo. Resfrios interminables porque no era consciente del frío, amores que se terminaban porque tampoco entendía de otros dolores. Me acostumbre a ver el mundo sin ese miedo, solia arrojarme a la vida y dejar que me hiciera pedazos, creyendo reconstruirme a diario.
Hoy cerca de mi cumpleaños, en época de balances de la vida siento como todo escurre dentro de mí y se escapa, son tantas trizaduras que no puedo contener nada, como el aire, todo se mueve en mi y se va. Levanto mi copa y dejó al alcohol desinfectar y sellar las heridas, después de unos segundos se evapora.

viernes, septiembre 01, 2017

Mis dos gatos intentan enseñarme a diario cómo vivir, quizás si no fuera por ellos ya no sabría porque ni como  levantarme. Algunas manañas los veo contemplando la vida desde el balcón, oliendo las flores, soñándose capaces de volar y atrapar los pájaros, sorprendiéndose ante cada detalle del mundo. Esa tremenda sabiduría, de vivir simplemente, de dejar a un lado la bulla, el correr, el soñar sin sueño, es todo lo que le falta a mi mundo para ser habitable.

Es difícil ser feliz hoy en día, es difícil vivir sin que las notificaciones de todas las redes sociales te digan algo diferente sobre ti misma, es difícil no autoconvencerse, que no es tu rostro el que sonríe  y que esos filtros de colores no son como miras el mundo. Hoy no queremos recordar que estamos solos, solos con los miles de amigos o seguidores poniendo que les gusta tu vida en automático.
Esa es mi vida de simulacro permanente, mi vida de alma restaurada desde mi cabeza hacia afuera, con la dedicación que le pongo a todo lo que hago. 

No sé si la presentía en el aire, no sé si pensaba que al respirarla mi mundo tendría esperanza. No sé mucho sobre lo necesario para vivir, menos aún lo que nos falta para florecer, de hecho ahora miro el ocaso de mi jardín y envidio un poco más la primavera, porque el invierno se quedo para siempre viviendo dentro de mí y ya no hay remedio para salvarme un poco de lo rota que estoy por dentro. 



domingo, mayo 07, 2017

Cada una

Durante esas semanas sentí que la muerte estaba cerca, nunca he sido optimista pero ese presentimiento algo me anunciaba. Como soy la más racional en mi familia, me aconseje ir al médico. Esa tarde y aún sin verla, le dije del dolor en el pecho que a esas alturas ya me llegaba  al hombro, le dije del temblor de manos y de la risa tonta. Como hombre de ciencia, el médico me dijo que esa enfermedad solo acabaría con un tratamiento de tres pastillas diarias, que removerían de raíz mi pensamiento mágico y mi romanticismo barato.
Asumiendo ese categórico diagnostico deje de sentir incluso algunos sabores, tomaba café todo el día y el amargor en mi boca jamás apareció, por el contrario, me acercaba a dulces y pasteles y solo con el olor me estremecia de miedo. En la cafetería todo el público me miraba hacer malabares y muecas durante todo mi turno de atención. Por suerte con eso aumentamos las ventas.
Y ella no sabía nada, para ella eso de la muerte, el café y los dulces, eran cosas en las que no valía la pena ni detenerse a conversar. Lo suyo era el desinterés profesional, todo lo que a los demás nos motiva, a ella la hacia bostezar.
Entre su indiferencia y mi medicación nada podía resultar o eso pensaba desde mi pesimismo creado químicamente.
Un día de lluvia, seguramente, ella con su habitual indiferencia decidió mover delicadamente una pieza en nuestro tablero. Yo ad portas a dormir, perdí el sueño definitivamente, su boca me dibujo un corazón en el aire y me dejo paralizada, todavía intento vivir sin mi capacidad de reacción.

viernes, diciembre 25, 2015

Este mundo

Salgamos de acá-le dije- en un par de semanas comienza la guerra y nos habremos perdido para siempre, no sólo tú y yo, sino el mundo completo. Con ella todo lo sabía de antes y aún así guardaba esperanzas, ese día me dedico unas horas y desapareció, yo me resigne.
Quizás todos presentían aquello sobre lo que yo tenía certezas, nos mirábamos guardando en la memoria, grabando por si nos tocaba estar para reconstruirlo todo. Nadie sabía de qué bando le tocaría estar, eran guerras sin convicciones las que llegaban a cada país para reconstruir una y otra vez la vida, como si ese empezar de nuevo trajera consigo el equilibrio que inevitablemente  se perdía en unos años. Conservar el sistema era más importante que conservar las vidas, pero nadie se atrevía a proponer algo diferente, cientos de monumentos nos mostraban las derrotas de quienes habían pensado por sí mismos, de los que alguna vez lucharon.
Era una locura amar en esos días, era una locura amarla así, con esas ráfagas de silencio que nunca significarían nada a nadie, en un mundo acostumbrado a que todo es fugaz, a que se derrumba y reconstruye, la trascendencia no tenia espacio. Que persona extraña me había tocado ser en todas esas vidas.
Cuando nos llego la guerra en las noticias dijeron que era por unas montañas que la gente del sur quería derrumbar, en los primeros bombardeos las montañas ya no existían. Nos obligaron a masacrar a todos los que vivían cerca de esa frontera, marchábamos de día y vaciábamos la sangre sobre la tierra por las noches, yo disparaba a ojos cerrados, esperando fallar, esperando sufrir, esperando dejar de estar.
En pocos meses ese mundo que conocimos fue sólo cenizas, después de un año volvió a llover, la sangre, la semilla, las manos, el trabajo, otro mundo aparecía. El silencio inalterable que todavía existe dentro de mí, busco vaciarte en muchas otras mujeres, sólo te encontré por retazos y guarde mechones de pelo, trozos de tatuajes y un par de corazones en un líquido verdoso que me ha permitido la ilusión de compañía.

No me acostumbro a este mundo tampoco.

sábado, diciembre 14, 2013

El mundo por primera vez

Hay una habilidad que nunca he tenido y pienso quizás nunca tendré, unir las palabras y organizar oraciones simples, sin adjetivos, un montón de hechos irreales en espacios definidos con precisión. Por eso cada vez que le relato una historia a mi sobrino antes de dormir, sólo le voy creando más preguntas que terminan manteniendolo despierto por horas ¿de qué color era? ¿por qué el elefante soplaba tu avión? ¿los pájaros se despeinaban con sus soplidos? ¿me trajiste alguna pluma? ¿como eras de niña? ¿por qué no hay perros sin dientes? ¿que es el horizonte?

domingo, junio 30, 2013

Iconografía otoñal

En mi planeta las cosas dejaron de ir bien, quizás el exceso de color y calor, quizás eso de la evolución.  Por esa época comenzó una temporada de eclipses y el sol que siempre hacia florecer quedo extraviado, sin su luz cada flor aparecida mágicamente en el aire se diluyó.
Yo no supe muy bien que hacer, a la mayoría de las flores distraídas que pille decidí esconderlas entre mis libros, a veces en medio de mis lecturas veía sus últimos rayos luminosos aparecer y morir lentamente.  Pasaron varios días de lluvia fría, nubes negras se paseaban amenazando inundarlo todo, mojar los recuerdos y volver ese paisaje a un punto cero.  Quizás influida por la falta de luz, por el frío y los temores, me replegué intentando olvidar,  pensando que la entropía haría lo suyo y mi planeta aprendería a florecer o quizás sin fuerza, volvería a ser sólo arena.

Una noche sin explicación y con la magia acostumbrada con que suceden las cosas aquí, comenzaron a movilizarse ríos, bosques, satélites y demases, toda clase de tectónica geográfica ocurrió en el aire. De los planetas cercanos enviaron arriesgados reporteros a dar cuenta de la noticia, en vivo y comentado en todas las redes sociales se registró el proceso. Todo un mundo se dibujó en mi espalda, cicatrices con color volviendo a significar. En este sistema todo es un asunto de hermenéutica.

sábado, junio 29, 2013

Felices

Había razones en algún lugar del espacio que de pronto se activaron también en los cuerpos. Eso de la lógica occidental difícilmente podría explicarlo, por fortuna al parecer no le creían a la lógica o por lo menos siempre sospechaban de que algún gato encerrado por ahí se paseaba.

Se adivinaron de lejos, todavía no se habían visto y ya se sabían un poco. Hablaban por horas, acompañándose a la distancia, así es eso de la distancia, tan relativo.

Como se habían estado adivinando desde antes, no hubo inconvenientes de comunicación desde un principio. Se hablaban despacito, porque a pesar de los miles de kilómetros se sentían tan cerca que el oído de manera innata les funcionaba mejor. Algo mágico debía existir ahí o por lo menos una camada de gatos encerrada en una habitación muy oscura, pura metafísica activada.

Vivían adivinándose de un puerto a otro; los sonidos, las gaviotas, los barcos, las risas, las copas chocando. Un movimiento de aire en el borde del mar, que viajaba hasta convertirse al otro extremo en sonrisas, suspiros o alguna evidencia que la mayoría habría dejado pasar.

La metafísica actúa rápido, más de lo que uno ve o llega a entender porque se esconde en el borde de las palabras. No hubo un minuto en que el sentido hiciera una pausa, siquiera al desabotonar aquella blusa o respirar para grabar los acontecimientos que ya adivinaban se le iban a quedar escondidos en la memoria. Si cuando estaban lejos se hablaban despacio, cuando estaban cerca, todo era silencio; eran tanto sentido al abrazarse que, adivinaban también, como las palabras algo dejarían de significar y no querían contaminar eso que ni nombre se atrevían a darle.

Ojala el mundo se hubiera detenido en esos momentos, creo que la realidad, que ni yo comparto sería más hermosa al verlas disparar tanta luz; luces de colores fluorescentes, luces claras para alejar cualquier sombra, de esas tristes que a veces se cuelan por las rendijas. Pero el mundo siguió moviéndose y  los kilómetros volvieron a instalarse, ellas como eran puro sentido continuaban hablándose despacio, como un susurro con el que se hacían cariño en los oídos. Se olvidaban de eso de la distancia.
Algunas mañanas una de ellas partía al desierto y pensaba en la otra en medio de la arena, cortaban las señales por unas horas pero cada acto se sellaba en esa órbita alrededor que da el sentido de saberse y aprender a querer.  Las rocas de colores o el cielo arrebolado eran belleza que soñaban compartir, cada movimiento, cada sabor se disfrutaba un poco menos porque la mitad del sentido aún estaba en el otro puerto.


Llevaban semanas esperándose, como una coreografía implícita sus movimientos se organizaron a través del aire para continuar conociéndose y organizar aquello sin lógica ni estructura que disparaba luces de colores cada vez que se abrazaban. 

Hasta que una de ellas viajo, cruzó esos miles de kilómetros  y terminaron de encontrarse, hablaron cosas imprecisas, que ni mí oído podría haber entendido, era su lenguaje tan lleno de silencio, tan cargado de sentido. Al parecer las dos querían ser felices por eso en algún lugar del espacio hubo razones que se activaron.

Ahora miro por la ventana, veo auroras boreales viajando por el aire y sé que ellas están siendo felices en alguna parte, si alguna vez se detienen, seguro que volveré para contarles.


Metafísica

Las cosas comenzaron ese día en que yo pensé que era poesía y ella se dedicó a traducirme la canción que sonaba de fondo; algo sobre diamantes y mis ojos con un mundo navegable dentro. Me gustaría ser romántica y decir que navegar es sólo fluir, algo fácil, innato, pero lo cierto es que sufro de una tristeza galopante que a veces se apropia de todo, no diría que me deprimo pero puedo esconderme atrás de la rutina y vivir ausente de mi por largos periodos. Por eso mi mundo navegable para ella era un gran desafío; le presente la cartografía detallada, los  movimientos adecuados en aguas turbulentas, las mejores rutas y también el límite, donde suponía se acababa todo. Este mundo no era redondo.
Ignoro sus motivaciones, pienso que algo adivinaba sobre el movimiento marino y quería flotar un rato, soñar que desafiaba la gravedad, que se yo. Ella comenzó, me miro, me busco, me aguantó, comenzó a leerme, a adivinarme y yo de lejos, comencé a adelantarme a sus movimientos hasta que las cosas tomaron su propia cadencia; repetitiva y desacompasada, como yo.
Mi intuición tan asertiva, algo quiso decirme, algo a un costado del sentido. Tiempo después lo recordé cuando fuimos puro sentido mirando las estrellas en medio del desierto. Ella tenía la capacidad de cambiarle el color a todo, a veces me confundía porque al desvestirme  cada prenda que tocaba perdía su color original. Con el tiempo uno comienza a unir las cosas; siempre viví preguntándome de que color sería la tristeza, con ella descubrí la cromofilia.
Queriéndonos por todas partes nos dedicamos a viajar, a descubrir el mundo a través de nosotras. Esos paisajes tan diferentes y la cartografía de nuestros planetas comenzaron a cruzarse, así es eso del sentido. En medio de las tormentas de nieve ella salía a la calle y armaba caminos que yo debía ir siguiendo, unos laberintos más complejos que ella misma. A veces en el desierto ella tenía que adivinar los dibujos en el aire que significaba mi silencio. Eran nuestros descompases juntos.
Esa cartografía que construimos era sólo nuestra y en la cama nos replegábamos a continuar nuestro descubrimiento. Recorría su piel, me escondía entre sus piernas, la dejaba investigar en mi espalda, jugar a no soltarme, jugar a vivir y morir dentro de nuestros cuerpos. A su lado amanecía cinco minutos antes que de saliera el sol, ella podía hacer eso.
Yo casi siempre miraba, suelo mirar, mirar el mundo en silencio. Un día ella y yo nos miramos, nos miramos dentro y miramos hacia atrás, ella sonrío, yo le dije que nada nos tenía que encoger el alma. Me apretó la mano, luego sentí como el viento golpeaba mi rostro al flotar tras dar el salto.