miércoles, febrero 28, 2018

El simulacro cotidiano



Yo no sé bien porque pasan estas cosas, algunos dicen que es química, para mí es algo que escapa todo control. Desde lejos adivinas ese olor y la piel que estalla. Así como te miré, así como te repase en la memoria.

Ahora que me enfrento a balances y juicios, soplo las velas y deseo que todo se hubiera quedado en la piel, deseo no llevarte en mi corazón a todas partes. Cumplí años y sigo viviendo una vida que no se conecta a la tuya en lo absoluto, más allá de los seiscientos kilómetros, es otro ritmo sobre el cemento, un ritmo donde no importa saber que hierba me podría quitar esta presión del pecho que llevo desde niña, acá se vive sin entender las cosas que no se compran o las personas que no se venden.

Lejos, donde estas, lejos de la vida, escondida atrás de la rutina, soñando con abrirte a un mundo que no te de miedo. Lejos, donde estoy, sola y escondida atrás de las cosas, en este simulacro de vida que llevo a diario.
Yo no sé bien porque pasan estas cosas, seguramente en un punto también elegimos que pasen. Un punto del que nadie nos advierte, un punto en el que comienzas a cuidar plantas porque alguien le dio un sentido para tenerlas en tu vida. Al parecer eso son los afectos, aunque no los queramos porque complican todo.
Como todos los meses recibí mis vinos en la casa, los tome con mujeres que le dieron ruido a mi soledad cotidiana, vivimos un simulacro de afecto poco antes de dormirnos y en la mañana todo posible encanto desapareció, quedamos de llamar, de comentar fotos, de agregar redes sociales y algo en el camino nos hizo olvidarnos. Las risas, los besos, las comidas, la embriaguez, una y otra vez. Si me miras de lejos, nunca te verás en mi vida.

jueves, septiembre 07, 2017

Tatuajes

Desde niña he tenido este problema, a veces el humo me alertaba de una quemadura o la sangre en su explosión de los cortes. Nunca supe cómo era o quizás era tan parte de mi que no lograba temerle.
Con los años supe que esos cortes y quemaduras también me iban quedando en el alma y afectaban el correcto funcionamiento de todo. Resfrios interminables porque no era consciente del frío, amores que se terminaban porque tampoco entendía de otros dolores. Me acostumbre a ver el mundo sin ese miedo, solia arrojarme a la vida y dejar que me hiciera pedazos, creyendo reconstruirme a diario.
Hoy cerca de mi cumpleaños, en época de balances de la vida siento como todo escurre dentro de mí y se escapa, son tantas trizaduras que no puedo contener nada, como el aire, todo se mueve en mi y se va. Levanto mi copa y dejó al alcohol desinfectar y sellar las heridas, después de unos segundos se evapora.

domingo, mayo 07, 2017

Cada una

Durante esas semanas sentí que la muerte estaba cerca, nunca he sido optimista pero ese presentimiento algo me anunciaba. Como soy la más racional en mi familia, me aconseje ir al médico. Esa tarde y aún sin verla, le dije del dolor en el pecho que a esas alturas ya me llegaba  al hombro, le dije del temblor de manos y de la risa tonta. Como hombre de ciencia, el médico me dijo que esa enfermedad solo acabaría con un tratamiento de tres pastillas diarias, que removerían de raíz mi pensamiento mágico y mi romanticismo barato.
Asumiendo ese categórico diagnostico deje de sentir incluso algunos sabores, tomaba café todo el día y el amargor en mi boca jamás apareció, por el contrario, me acercaba a dulces y pasteles y solo con el olor me estremecia de miedo. En la cafetería todo el público me miraba hacer malabares y muecas durante todo mi turno de atención. Por suerte con eso aumentamos las ventas.
Y ella no sabía nada, para ella eso de la muerte, el café y los dulces, eran cosas en las que no valía la pena ni detenerse a conversar. Lo suyo era el desinterés profesional, todo lo que a los demás nos motiva, a ella la hacia bostezar.
Entre su indiferencia y mi medicación nada podía resultar o eso pensaba desde mi pesimismo creado químicamente.
Un día de lluvia, seguramente, ella con su habitual indiferencia decidió mover delicadamente una pieza en nuestro tablero. Yo ad portas a dormir, perdí el sueño definitivamente, su boca me dibujo un corazón en el aire y me dejo paralizada, todavía intento vivir sin mi capacidad de reacción.

sábado, diciembre 14, 2013

El mundo por primera vez

Hay una habilidad que nunca he tenido y pienso quizás nunca tendré, unir las palabras y organizar oraciones simples, sin adjetivos, un montón de hechos irreales en espacios definidos con precisión. Por eso cada vez que le relato una historia a mi sobrino antes de dormir, sólo le voy creando más preguntas que terminan manteniendolo despierto por horas ¿de qué color era? ¿por qué el elefante soplaba tu avión? ¿los pájaros se despeinaban con sus soplidos? ¿me trajiste alguna pluma? ¿como eras de niña? ¿por qué no hay perros sin dientes? ¿que es el horizonte?

domingo, junio 30, 2013

Iconografía otoñal

En mi planeta las cosas dejaron de ir bien, quizás el exceso de color y calor, quizás eso de la evolución.  Por esa época comenzó una temporada de eclipses y el sol que siempre hacia florecer quedo extraviado, sin su luz cada flor aparecida mágicamente en el aire se diluyó.
Yo no supe muy bien que hacer, a la mayoría de las flores distraídas que pille decidí esconderlas entre mis libros, a veces en medio de mis lecturas veía sus últimos rayos luminosos aparecer y morir lentamente.  Pasaron varios días de lluvia fría, nubes negras se paseaban amenazando inundarlo todo, mojar los recuerdos y volver ese paisaje a un punto cero.  Quizás influida por la falta de luz, por el frío y los temores, me replegué intentando olvidar,  pensando que la entropía haría lo suyo y mi planeta aprendería a florecer o quizás sin fuerza, volvería a ser sólo arena.

Una noche sin explicación y con la magia acostumbrada con que suceden las cosas aquí, comenzaron a movilizarse ríos, bosques, satélites y demases, toda clase de tectónica geográfica ocurrió en el aire. De los planetas cercanos enviaron arriesgados reporteros a dar cuenta de la noticia, en vivo y comentado en todas las redes sociales se registró el proceso. Todo un mundo se dibujó en mi espalda, cicatrices con color volviendo a significar. En este sistema todo es un asunto de hermenéutica.

martes, junio 25, 2013

Machaq Mara

Fue en las vísperas del año nuevo, justo cuando empieza un nuevo ciclo de la semilla. Yo pensé que a partir de ese invierno sería otra la cosecha, que esa trascendencia tan evidente con que se mueve la vida se reflejaría en nosotras y todo florecería.
Ella me perdía, era un fuego respirable, un fuego de vida que echaba andar todo dentro de mí. Cuando nos alejamos no logre explicarme nada, debe ser porque le he prohibido a mi cabeza oír lo que dicen las otras partes del cuerpo, esas razones en áreas indeterminadas es mejor olvidarlas, porque así se vive más tranquilo, aunque nunca más feliz.
Yo siempre he vivido en esa lógica de retazos, no me canso de escribir de ello y lo cierto es que en esa desconexión es más difícil encontrarse con el otro, generar calor por uno mismo y distinguir entre una multitud de colores de una misma familia.
Era imposible explicar, los caos  no se explican, se sienten, se viven y nunca te pillan reaccionando en momentos adecuados, pasaron unos días y volví a mi mundo de silencio cotidiano, en el que la neurosis es capaz de esconderlo todo en el orden de la alfombra. Ella se escondía entre los pliegues de mis recuerdos, en los bordes de las cosas, en su olor que todavía flotaba en el aire, la sentía latiéndome dolorosamente dentro, algo dolió un poco más y mis movimientos se transformaron en un llanto que no pude soltar.

Al día siguiente participé en varias ceremonias, yatiris, loncos y sabios indígenas agradecían el nuevo comienzo, guarde algunas semillas, me deje bendecir por el agua de vertiente. Escuche que alguien hablaba de la trascendencia, me acorde de ella unos segundos, cerré los ojos y comenzó el nuevo ciclo de la semilla. 

domingo, abril 21, 2013

El cielo cayendo a pedazos


Ella tenía en las caderas espacio de sobra para esconderme. No supe como todo termino conmigo ampliando las distancias varias ciudades hacia el norte. Tenía espacio de sobra, pero sólo me escondió una noche, yo me quede pensando en su cuerpo.
Como el tiempo debe hacer lo suyo después de unos meses llene con arena cada uno de los espacios obstinados de mi memoria. La dibuje en el aire y luego le di forma, quizás la prolijidad de vivir adelantando mis movimientos produjo ese conocimiento acabado, todo lo que soñé dibujar encima suyo estaba ahí. Hasta hoy muero de sed sólo de recordarla, eso nos pasa en el desierto.
Siempre he sabido que hay que ser valiente, prepararse para cuando no te quieren y seguir viviendo, incluso si el aire de pronto se transforma en vidrio molido, eso no es más que una muestra de cada una de las trizaduras que nos hace ser lo que somos.